viernes 5 de junio de 2009
SEXTO PROGRAMA
miércoles 3 de junio de 2009
TERCER CAPÍTULO
El estudio de la viabilidad de un proyecto -en nuestro caso el de una nación, da igual la magnitud de la misma- es una de las más complicadas maniobras que pueden existir en el mundo de la economía o desde el punto de vista financiero.
Cálculos entre gastos e ingresos, la búsqueda de fuentes de financiación, ver si estas serán suficiente para pagar los materiales y a los proveedores y tras todo eso obtener beneficios, si estos últimos serán mayores que las pérdidas de cada ejercicio, etc. han convertido a proyectos que a priori parecían maravillas de la matemática financiera en papel mojado y familias arruinadas.
Por eso, el decir que Sealand es un “proyecto viable” es como tirarse a un pozo, ya que los gastos pueden ser millonarios y los ingresos escasos o a la inversa.
Un ejemplo muy claro lo tuvimos (y tenemos) en la “familia real sealandesa”, los cuales, aparte de HavenCo, disponen de varias fuentes de ingresos tradicionales en el Principado. Pero del mismo modo que en todo proyecto existen fracasos, tal como ocurrió con la fallida venta de pasaportes o los certificados de naturalización, también existen éxitos, como son la venta de títulos nobiliarios a módicos precios o las propias emisiones de sellos, colecciones numismáticas y souvenirs, todo ello con un estilo similar al de los productos típicos de las bodas reales.
Los Bates mantuvieron este proyecto viable durante muchos años gracias a su posición como armadores de Fruit of the Sea, una empresa con dos pesqueros de arrastre que recoge algas (sertularia argenta) en el Mar del Norte, para su venta como elemento decorativo en acuarios y floristerías.
Pero hace pocos años nuestro Príncipe, abrumado por las presiones de Inmonaranja, ha optado por decir que el proyecto Sealand es inviable y ha decidido poner en venta la plataforma con el objeto de deshacerse de ella.
Pero eso pertenece al pasado, o a un presente en el que a ojos de quien les habla, con un poco de esfuerzo, se podría sacar hacia delante este “Proyecto. Y es por esto que en el presente capítulo de Vivir en Sealand os mostramos otra alternativa para que el proyecto de Sealand pueda salir adelante. O al menos, que sea capaz de generar dinero.
En primer lugar, una de las fuentes de ingresos sería explotar mejor (o de manera más directa) los recursos propios, como por ejemplo comenzar la emisión de acciones de la compañía HavenCo. Esto reportaría algo de dinero, aunque bien es cierto que no el suficiente como para poder vivir cómodamente, de modo que serían necesarias ulteriores fusiones con otras empresas, o bien la conversión en filial de alguna entidad mayor que haya mostrado cierto interés por la plataforma, como el caso de Google, cuya filiación con HavenCo haría de esta una “pequeña gran empresa”.
Otra idea sería la reutilización de esos dos pesqueros de arrastre que en su día formaron parte de la flota Fruit of the Sea, y utilizarlos para otros menesteres que no solo fueran recoger algas: faenar dentro de todo el territorio bañado por las de aguas internacionales que recorre los alrededores de nuestro Principado, comercializar con países limítrofes, como pueden ser Francia, Gran Bretaña o con los Países bajos, etc.
Otras fuentes de ingresos podrían ser la utilización de la plataforma como destino turístico unifamiliar para gente archimillonaria que no supiera qué hacer con su dinero. La idea sería ofertarles, por una cuantiosa suma, la estancia durante unos días en “tierra de nadie”, donde podrían hacer lo que deseasen.
Pero claro, hay quien dirá: “Eso también lo pueden realizar en sus lujosas embarcaciones”. Correcto, con la salvedad de que sus embarcaciones pueden hundirse mientras que nuestro Principado lleva más de 40 años firme en el mismo sitio y a menos que aparezca un pirómano amante de las explosiones permanecerá allí por mucho tiempo.
Otra importante fuente de ingresos podría ser la creación de estudios oceanográficos, por los cuales se recibirían subvenciones de gobiernos o empresas particulares. Además, al encontrarse el Principado en aguas internacionales podrían realizarse experimentos que por temas burocráticos o ideológicos no pueden ser llevados a cabo en otras naciones.

También, del mismo modo que en muchas partes del mundo existen espacios naturales que sirven como decorado de grandes superproducciones cinematográficas (sin ir más lejos, en España con el desierto de Almería), nuestro principado podría ser un gran sitio para realizar escenas de películas o spots publicitarios, como ha ocurrido recientemente con el anuncio de Red Bull, el cual podéis ver en una entrada anterior de esta misma web. Aunque en este caso, también es cierto, se trataría de un espacio “artificial”.
Entiendo que dichas fuentes de ingresos no sean como una nómina, la cual todos los meses aporta dividendos, pero se trataría de sumas de dinero lo suficientemente importantes como para sobrevivir en Sealand.
Otra idea, que sería bien vista por todos los involucrados en este proyecto (ya que tanto Inmonaranja como la familia Bates tratan de traspasarse nuestro Principado) sería el alquiler de Sealand, por ejemplo, a empresas que recaudan dinero para la compra del mismo, como el caso de The Pirate Bay. En este caso se les podría proporcionar pequeñas parcelas en las que pudieran colocar sus dispositivos o servidores, los cuales ocuparían una parte no muy grande de terreno y a la vez reportarían un capital que, como ya dijimos anteriormente, sería la nómina mensual que llegaría a las arcas de nuestro Principado.
Como conclusión, y para afirmar la viabilidad de que Sealand es una nación con proyección económica, partiré de la idea más factible, que sería la del alquiler de las parcelas: llevando a cabo esta alternativa mataríamos varios pájaros de un tiro, pues sobraría espacio para el desarrollo de la planta oceanográfica, que sería el I+D+I de cualquier empresa o estado, el cual realizaría donaciones para que se llevasen a cabo proyectos de investigación. Y con los ingresos obtenidos por la compra-venta de acciones de HavenCo. se podría mejorar la flota heredada de Fruit of the Sea y hacer de ella una de las más importantes del Mar del Norte, con lo que no sería necesario el turismo unifamiliar de archimillonarios, ya que nosotros mismos seríamos los archimillonarios gracias a las múltiples fuentes de ingresos que harían rebosar las arcas de nuestro amado Principado.
Es el cuento de la lechera, lo sé, pero soñar es gratis y vivir en Sealand posible…
domingo 3 de mayo de 2009
QUINTO PROGRAMA
Por problemas técnicos ajenos a nuestra voluntad, hemos tenido que cambiar de servidor de alojamiento de archivos multimedia, de ahí nuestra tardanza a la hora de actualizar este espacio. Pedimos disculpas a todos nuestros lectores.
En este quinto programa de Martin's Time traemos la entrevista de Victor Martin al señor Christian Ngoulakia, gran amigo y presidente de la Asociación de los Gaboneses de España.
domingo 26 de abril de 2009
SEGUNDO CAPÍTULO
Es por ello que quizás un lugar tan peculiar como el Principado de Sealand podría proporcionar un excelente escenario para representaciones teatrales. Y de lo más versátil, puesto que podríamos elegir entre escenario cubierto o al aire libre. No obstante, en este último caso, los problemas serían varios, pero no por ello irresolubles. El excesivo ruido del mar podría impedir escuchar adecuadamente a los actores hablado de viva voz, pero esto podría solucionarse con un micrófono individual para cada uno y unos amplificadores repartidos por todo el helipuerto que, por su amplitud, sería el lugar más idóneo para que la representación tuviese lugar.
Otro problema sería el viento, que podría echar al traste toda la escenografía. Sin embargo, con colocar una serie de pesas de hormigón que actúen de base para el decorado, de la misma forma que se hace con las sombrillas de playa, el problema quedaría solucionado.
Lógicamente, tendría que tratarse de obras que requiriesen de pocos recursos: un número limitado de actores y una escasa escenografía. Pero la historia de la literatura está llena de obras de este estilo, muchas de ellas magistrales, que no sería muy complicadas de montar en un lugar como el Principado de Sealand. Una obra perfecta sería por ejemplo Esperando a Godot, de Samuel Beckett, que requiere únicamente de cuatro actores y una escenografía mínima consistente en un árbol. El teatro contemporáneo esta lleno de obras de este estilo.Pero si la escenografía es un problema, los textos se podrían representar sin ella, como ocurre con mucha frecuencia hoy en día y ocurría en los tiempos antiguos: en los corrales del Siglo de Oro, por ejemplo, la escenografía no existía y era el texto literario el que, mediante los diálogos de los personajes, localizaba la acción en la escena.
También estaría solucionado el tema de los descansos: las estancias que posee en su interior el principado podrían servir como cafetería improvisada, a la que los espectadores acudirían si desean por ventura tomar un refrigerio mientras esperan el inicio del siguiente acto.
Algo parecido podríamos realizar en el caso del cine: se instalaría una pantalla de televisión gigante en un extremo del helipuerto conectada un reproductor digital en el que introduciríamos la película que deseáramos ver. Esto sería algo mucho más económico que la instalación de una pantalla de tela y un reproductor de celuloide, cuyos gastos serían extremos
Pero tengamos en cuenta que si utilizamos el helipuerto para estos menesteres, entonces se nos plantearía el problema del transporte de las personas, puesto que no quedaría sitio disponible para el aterrizaje de un helicóptero. Sobre esto hablaremos en una entrada posterior de esta sección.














